La camiseta de la memoria

El 3 de mayo de 1808, en Madrid, las tropas francesas de Napoleón fusilan a los españoles sublevados ante la ocupación de su territorio.

Con ambas manos al cielo, la víctima expone su pecho fuerte bajo su camisa blanca, que pronto, cuando el verdugo lo decida, se teñirá de rojo. Un desgraciado tapa sus ojos por no ver, y sus oídos para atenuar el trueno del fusil, el ruido a muerte. Esconde lo que le queda, que no es mucho, para no ver el sangriento hecho en las montañas del Pío. Pronto, el apuntado caerá junto al resto de los asesinados.

Desde una ventana, se supone, el artista lo observa todo y proyecta su próxima obra. En 1814 conoce el mundo el óleo sobre lienzo, que el pintor español Francisco de Goya titula “Los fusilamientos del 3 de mayo”.

La misma es una de las más importantes y reconocidas de la historia del arte, y ha sido inspiración de numerosos pintores. En el año 1989, en Argentina, el artista plástico Ricardo “Mono” Cohen, más conocido como Rocambole, ilustra la tapa de “Bang Bang Bang… estás liquidado” , tercer disco de estudio de “Patricio rey y sus redonditos de ricota”. En ella se ve la escena de Goya, con una sustancial modificación. Esta vez, los fusileros visten el ropaje de la Cruz Roja. Idea que acompaña a la intención de la última canción del disco “Nuestro amo juega al esclavo”, en la que el “Indio” Solari expresa una fuerte contraposición a las ideas imperialistas y sus procedimientos engañosos y perversos. La Cruz Roja en este caso, viene a ser quien tiene la apariencia de un rescatador, pero que acaba por fusilarte.

Aquella imagen, la de Francisco Goya, fue usada en la portada del libro “Operación Masacre”, publicado en 1957, y adelantándose 9 años a la edición de “A sangre fría”, el exitoso título de Truman Capote, al que muchos señalan el precursor de una literatura policial periodística basada en hechos reales. Rodolfo Walsh, periodista, escritor, y militante político argentino, escribió esta novela basado en sus propias investigaciones. El destino del autor de esta obra culminó con una forzada desaparición el 25 de marzo de 1977 luego de publicar un día antes, la “Carta abierta de un escritor a las juntas militares argentinas”. Integra la lista de desaparecidos de la última dictadura cívico-militar de nuestro país.

“Operación masacre” es una novela. Pero también es un trabajo de investigación, que expone un crimen real, y se realizó a los pocos meses de sucedido el hecho.

En Junio de 1956, los generales Tanco y Valle se sublevaron contra el ejército de facto de Aramburu, quién destituyó a Juan Domingo Perón en 1955 bajo el lema de “Revolución Libertadora”. El levantamiento fue reprimido brutal e ilegalmente y no prosperó.

La madrugada del 10 de Junio de 1956, en un basural de José León Suárez, son fusilados 12 hombres, de los cuales, con el tiempo se confirman 5 muertos y 7 sobrevivientes. Eran un grupo de civiles, algunos militantes peronistas relacionados vagamente con la conspiración, otros ajenos por completo. Se los detuvo en una casa de Florida por la Policía Bonaerense, tras llevar a cabo un allanamiento que intentaba dar con el general Tanco.

Cuando Rodolfo Walsh se entera que hay sobrevivientes comienza una investigación que incluye la búsqueda de los mismos, investigaciones y documentos originales sobre la detención y el procedimiento realizado. El libro, fue reeditado en varias ocasiones, a medida que se conseguían nuevos datos y conclusiones del autor. El hecho fue real, resultó mitificado. Se esclareció sin conseguir aval en la justicia civil. Las páginas exponen todo tipo de atropello a los métodos legales de detención. Ejecuciones clandestinas, y alteración de documentos y registros con el fin de brindar impunidad al crimen.

La intención de hacer eco a esta historia, nace de la cabeza de Ezequiel Rodríguez, dirigente de Central Ballester que se encargó de crear un diseño que imprima en la tela una imagen que es patrimonio cultural y social del barrio.

Una idea que no hace más que ser un pleno a la memoria, un gran guiño a la historia del barrio en el que hoy reside el “canalla”, donde está construyendo su nuevo estadio y donde finalmente parece estar bien cómodo y asentado, y una excelente muestra de ingenio y creatividad. Claro que todo esto fue posible gracias al incansable trabajo que el “Zeque” le dedica a su querido “canalla”, y al resto de la comisión directiva aportando sudor para llevar a cabo serias tareas de resurgimiento de un club que tiene un valor cultural y sentimental muy importante.

Una alegría para todos los que creemos que el fútbol es fútbol. Pero también, que es un espejo donde vernos, un pasado donde buscarnos, un presente donde vivir, y un futuro para armar.

 

Nicolás Diana

@nicodiana90

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