El precio de lo mediático

Redes y redes se inflan en su nombre. Toda una península delira con su destreza. Medio Europa pelea por sus servicios de cara a la 15/16. Mauro Icardi es uno de los delanteros top que tiene el nuevo gran fútbol mundial. Rápido, habilidoso, astuto y, sobre todo, eficaz. Algunos atributos que describen a un verdadero artillero de elite. Sin embargo no todo brilla para el rosarino, no todo es éxito, un espació vacío aparece entre tanta gloria precoz. Un espacio creado por la decisión de la segunda mente más importante del fútbol nacional, la de Gerardo Martino.  Un entrenador que en más de una vez declaró su intención de que el “9” del Inter integre el seleccionado nacional. Aunque siempre existió un paredón, uno que separa las palabras de los hechos. Un paredón al que se le puede poner nombre y apellido, ¿Será un Wanda? ¿O un Nara? Ojo, que se entienda, Wanda no tiene la culpa directa de que Mauro no sea citado. Solamente quiero hacer referencia a la historia que envuelve al romance del 2014. La traición de Icardi Rivero a Maximiliano López, su mejor amigo dentro del fútbol, trajo consecuencias inesperadas, por ejemplo, no ser parte de la selección. El “Tata”, cosechado a la antigua y con los viejos códigos de la caprichosa, ha dado a entender que no lo tendrá en cuenta hasta que pase el huracán. La unión del seleccionado es algo notorio desde hace algún tiempo. Pero yo me pregunto… ¿Hasta qué punto beneficia la ausencia del atacante “neroazzurro” a este plantel?

Con una temporada magnifica, en donde fue goleador y figura del peor Inter de los últimos 20 años, el apellido Icardi tomo una fuerza descomunal y debería ser una fija dentro de la selección. Veinte goles en treinta y cinco partidos son números dignos de envidia para cualquier bombardero del mundo. Cifras que sorprenden aún más cuando recordamos que se trata de un pibe que hace escasos meses llegó a los 22 años de vida. Cuando algunos se forman, él ya está al borde de lo crack. Y así opinan muchos, no solo este humilde servidor. Noventa cotejos profesionales, cuarenta gritos desaforados, dos equipos y cuatro años en boca de tantos sorprendidos por su técnica. Datos que hablan de una bestia de gol, de un jugador que puede marcar una época. Un desafortunado que eligió al amor, o como quieran llamarlo, antes que el respeto natural y que por esto, solo por esto, debe pagar el precio más alto que un futbolista debe abonar.

Quiero que quede marcado que hablamos del hoy, del presente. Es muy probable que en un futuro,  ojalá próximo, el rosarino se calze la celeste y blanca para hacernos delirar con sus goles. La hora de Higuaín y Agüero, los 9 de Martino, parece estar pasando antes de lo debido. Nadie niega que estos dos sean excelentes jugadores, pero Icardi es diferente. Tiene ese algo que hace a un crack. Si lo aprendió en el Barcelona no tengo idea, pero lo tiene. Algunos pensarán que estas líneas son demasiado, pero les pido paciencia y tiempo. El momento va a llegar, y confió plenamente en que lo sepa aprovechar. Hace mucho no vemos un “Batistuta”, abramos los ojos, lo tenemos y es nuestro. Solo falta aprovecharlo.

Pablo Noya

@PablitoNoya13

Categorias El Bar de Bitácora

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