El mundo amateur brinda divertidas comodidades

Esta mañana, cuando escuchaba las nuevas incorporaciones que suma la famosa empresa de contenidos audiovisuales por internet, esa que te ofrece películas y series por una módica suma mensual, pensaba que no estoy tan equivocado al sentarme en otra mesa.
Sé lo que soy y no me quejo. Soy lo que soy, por eso me quejo de muchas cosas. No está mal vivir a conciencia de lo que corre en las venas.

En mi opinión es la única alternativa.
A lo que voy, amigo, es a lo siguiente;
Resulta que van a televisar la pretemporada de Boca. No sé si finalmente se tornará realidad el rumor, pero muy lejos no estamos. Este texto no es informativo, por lo tanto me eximo de corroborar información. Podría ser un ejemplo ficticio, da igual. El punto es que yo imagine una escena del “reality show”. Las cámaras enfocando la habitación que comparten el goleador y el asistidor del equipo, y los analistas detrás de pantalla que insisten en que el 10 le cebó mal el mate a propósito, porque en realidad está cansado de que no le marque bien la diagonal para que el pueda lucirse con el pase. Eso no lo pude superar. Aunque no es un problema de la profesión, creo. Tampoco es un problema del fútbol. Supongo que es algo muy personal. Esa negación para entender que el mundo plantea el juego y nosotros nos acomodamos a él o perdemos. Por eso te digo: lo correcto sería sentarme en esa silla a tomar la sopa, y no dormir en la sombra de querer que las cosas sean como uno cree que deben ser.

Por suerte, hay un pedacito de realidad que coincide con mi realidad ideal. Siempre hay algún lugar, un momento, alguien, que alinea ese constante desfasaje entre las reglas del juego y nuestras convicciones. En esta profesión (deserción en mi caso), hay personas, momentos y lugares. Existen colegas muy respetables y admirables. Lugares maravillosos que nos regalan grandes momentos. Yo, particularmente, me quedo con un momento. Un instante, pocos interminables segundos;
Para llegar a él, se demoran horas, quizá un día entero. De comienzo agarras el cuadernito y salís para la cancha. Ya averiguaste historial, anécdotas, y hasta cómo llegar. ¿Qué equipo parará el entrenador? ¿Cómo será el partido? ¿Y los choris? ¿Como andará el asador de esta cancha que no conocemos?

Pasas por los vestuarios, retiras las alineaciones, saludas a colegas y conocidos, y te ubicas en el sector que te hayan asignado para la transmisión. Puede ser arriba de un banco de suplentes, de los vestuarios, en un andamio tubular improvisado, o en medio de la platea local. Con la excepción de que la cancha tenga cabina de transmisión. El mundo amateur brinda divertidas comodidades.
Te acomodas, preparas todo lo necesario, y llegado el horario pactado se da ese momento único en el que no existe diferencia alguna entre la realidad y la realidad ideal de cualquiera. Sos el encargado de decirle a los que oyen pegados al parlante en sus casas;
“¡Aaaaaaparece el conjunto “Canalla” en el campo de juego! ¡Vestido con su casaca tradicional de franjas verticales azules y amarillas, medias blancas, pantaloncito azul! ¡Señores, brilla el sol, pega de lleno en el césped, y el equipo alza los brazos para saludar a su gente!”
HOMENAJE A TODOS AQUELLOS QUE TRANSMITEN EL FUTBOL Y TODOS LOS DEPORTES.

 

Nicolás Diana

@Nicodiana90

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