El Laboratorio de Estudiantes y su Mística copera

El Pincha escribió su nombre con mayúscula en las páginas de la Copa Libertadores desde la llegada de Zubeldía. Con su legado,conquistó también la última estrella continental que lo cataloga como uno de los grandes de América.

“Revolucionamos el juego, les ganamos a los grandes. Entonces nos dijeron el Antifútbol”. Esta frase pertenece a Carlos Salvador Bilardo, uno de los más grandes exponentes de la “Escuela Pincharrata”. Y es que antes de la llegada de Osvaldo Zubeldía, el “Maestro”, los únicos en ganar títulos desde el comienzo del profesionalismo en 1931 fueron los denominados equipos “grandes”. Pero llegó Estudiantes de La Plata para cortar esa hegemonía y grabar en la historia palabras clave como ‘Mística’, ‘Laboratorio’, ‘Revolución’, ‘Estilo’, entre otras cosas que marcaron un antes y un después en el fútbol mundial.
Estudiantes fue un equipo que causó una gran revolución, aunque a muchos les pese y lo quieran descalificar. Las innovaciones devenidas de laboratorio, un estilo estrictamente marcado, defensores del resultado por sobre el desarrollo del juego a través de la táctica y los esquemas pergeñados con un gran trabajo de entrenamiento que pregonan que los títulos no se merecen sino que se ganan, resumen los matices de aquel equipo. El mismo Zubeldía, describió a esa gloriosa generación que ganó todo lo que se le cruzó en el camino con total sinceridad: “Acepto que Estudiantes tiene un estilo que no gusta. Reconozco que, cuando emplea la jugada del offside, el suyo es un juego destructivo que anula y desgasta a los adversarios. Pero no lo hace con un criterio solamente defensivo. Todo lo contrario. Frente a rivales que saben jugar o son peligrosos tirando centros, evitamos embotellarnos en la defensa. Salimos en bloque por dos motivos: para dejarlos en offside y para recuperar la pelota lejos de nuestro arco”. El “Maestro” era un trabajador incansable, gran organizador y estudioso de los rivales, que hizo conocidas las concentraciones previas a los partidos, los entrenamientos diarios a doble turno y el trabajo de “laboratorio” con pelota parada a favor y en contra.
El equipo asombró a todos provocando intencionalmente el offside del rival cuando adelantaba su línea defensiva con una perfección asombrosa ante un pase en profundidad del adversario. Inventó también los corners con pierna cambiada para complicar a los arqueros cuando la pelota llegaba con efecto, las jugadas preparadas en los tiros libres, y el centro al primer palo para que un jugador la “peine” hacia atrás descolocando a los marcadores rivales, algo de lo que en el ámbito local nadie tenía conocimiento hasta el momento.
Fue así que el Pincha se abrió paso hacia el continente. “La suerte del principiante no puede fallar”, reza la frase de un tema de Los Redondos, y Estudiantes lo comprobó en su primera participación en la Copa Libertadores de 1968. Debió desandar un extenuante recorrido de 16 partidos y eliminar a un bicampeón (Independiente), y al defensor del título (Racing) en semifinales de durísimas batallas. El Pincha pasó a la final por diferencia de gol, y allí lo esperaba el Palmeiras. Con la “Bruja” Verón padre como estandarte, luego de tres incansables finales, el León alzó su primer trofeo internacional en Montevideo. “Fue la primera vez que lloré por fútbol”, dijo Bilardo tras el título. Ni el poderoso Manchester United pudo descarrilar algo que a esa altura ya parecía ser parte de su ADN, la “Mística”. Estudiantes fue Campeón del Mundo en Old Trafford, bajo el bullicio de los ingleses que les gritaban “Animals!”, todavía con el recuerdo de la expulsión de Ratín en el Mundial del ’66. Todavía se conservaba en el Museo de Manchester el pizarrón con la frase que les había escrito Zubeldía a sus jugadores: “A la gloria no se llega por un camino de rosas.”
En la Libertadores del ’69, por la modalidad de aquellos años, el conjunto platense ingresó directamente a las semifinales por ser el campeón vigente. El Pincha barrio a Universidad Católica y a Nacional de Montevideo ganando los cuatro partidos, y se transformó así en Bicampeón de América.
Instalado ya como el rival a vencer, el Pincha ingresó otra vez a las semifinales en 1970 y terminó coronándose en forma invicta, logrando su tercera Libertadores de manera consecutiva, un hecho inédito hasta ese momento. Sus víctimas, esta vez, fueron River y Peñarol.
Tuvieron que pasar 39 años para que Estudiantes vuelva a servirse del elixir de la gloria. El legado de Zubeldía lo volvió a llevar a la cima en el 2009, justo en la edición 50 de la Copa. Adoptado por la escuela “Pincharrata”, Alejandro Sabella despertó la “Mística” que identifica a Estudiantes. La suerte del principiante volvió a decir presente en la primera experiencia de “Pachorra” como DT. El León comenzó el sueño copero desde el repechaje contra Sporting Cristal. Había una nueva “Bruja” para regalar su magia a la “albiroja”: Juan Sebastián Verón, el gran capitán. El Pincha vivió otra noche heroica en Belo Horizonte ante Cruzeiro y lo derrotó 2 a 1, para reencontrarse con una vieja y amada amiga: la Copa Libertadores. Cerca, muy cerca, estuvo meses después otra Copa del Mundo. Sólo le queda la nostalgia y el orgullo por haber puesto contra las cuerdas y en grandes apuros al Barcelona, el mejor equipo de la historia.
Estudiantes de la Plata dividió las opiniones de los amantes del fútbol por la manera en la que revolucionó el juego, de eso no hay dudas. Para que hoy el fútbol argentino se divida en Menotismo y Bilardirmo, mucho habrá tenido que ver el nuevo estilo de la escuela Pincha. Y Zubeldía no sólo era un gran maestro como técnico, también era un gran pensador que regaló infinita cantidad de frases memorables. Es inevitable no cerrar con una que motive a la reflexión para terminar así cualquier absurda crítica o discusión: “Estudiantes de 1967 y 1968 fue sensacional. En Inglaterra fuimos campeones del mundo y eso no se puede conseguir con antifútbol.”

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