El cielo necesitaba un “Mariscal”

Después de poder sobrepasar un fuerte traumatismo de cráneo, el cual le propinó la fractura del mismo, Roberto Perfumo no pudo “eludir” a la muerte y nos abandona a los 73 años. El pueblo argentino dice adiós a uno de los mejores defensores centrales que se vieron en nuestro país.

La muerte tiene esas jugadas inesperadas, con gambetas que sorprenden a propios y ajenos. Maniobras que no hacen más que confirmar lo que Chizzo Nápoli nos canta en “Cuando vendrán”, que nos dice “Es que la muerte está tan segura de vencer, que nos da toda una vida de ventaja”. Y ante esto, Roberto Perfumo no pudo hacer nada. O mejor dicho, la parca vino por la revancha. Volvió a buscar al “Mariscal” para cobrarse la “batalla” perdida aquella noche de 1967, donde el avión que llevaba al plantel de Racing con destino a Colombia, se salvó de milagro. Perfumo tituló esa anécdota como “nacer de nuevo”, aunque también recuerda que Juan Carlos Rulli, luego de una ronda de whisky con todo el plantel, incluido Juan José Pizzutti, expresó “Si pasamos está, salimos campeones”. Dicho y hecho.

Su carrera no tuvo el inicio pensado. Sus primeros pasos fueron en River, luego de ser rechazado en Lanús e Independiente. Sin embargo, el “Millonario” lo dejó libre en Quinta División por “ser flaco”. “El ‘Gordo’ Díaz me preguntó si laburaba porque, según él, no podía jugar al fútbol”. Igualmente, diez días después, Ernesto Duchini volvió a cruzarse en el camino del oriundo de Sarandí. El “maestro” estaba en Racing y fue a Avellaneda para apostar su última ficha. Lo demás es historia.

Si bien fue Duchini quien se la jugó por él, Juan José Pizzutti fue su guía. “Afortunadamente siempre tuve grandes maestros: Adolfo Pedernera, Ernesto Duchini, el ‘Toto’ Lorenzo, Osvaldo Zubeldía, Ángel Labruna. Enormes. Pero Pizzutti fue un extraordinario entrenador, muy valiente. Es más, el Racing de José fue el mejor equipo que integre, y eso que jugué en Cruzeiro y en el River del ‘75”. No solo eso, el ex entrenador de “La Academia”, entre otros, lo sacó de su posición natural  y lo colocó como back central. “Me puso de dos y al ‘Coco’ Basile, que era volante central, de seis. En el primer partido que jugamos juntos (frente a Ferro), al minuto ya perdíamos 1 a 0. La hinchada murmuraba, hay que recordar que estábamos en los últimos puestos. Me acerque para decirle que no podía jugar ahí y él me dijo ‘Vos vas a ir a la selección y vas a jugar un Mundial’. En dos meses me llamó Zubeldía y forme parte del seleccionado que disputó el Mundial de Inglaterra 1966. Un visionario”.

Perfumo con Tita

Su trayectoria profesional esta plagada de logros. La Copa Libertadores del ’66 y la Intercontinental del ’67, con Racing, son quizás los más resonantes. En Brasil también desplegó su talento y es por eso que es venerado por el pueblo del Cruzeiro, donde jugó desde 1971 a 1975. Cuando abandonó el fútbol brasileño, estuvo varios meses parados y hasta pensó en colgar los botines, pero Ángel Labruna lo convenció de continuar. “El fútbol viene solito”, le dijo el “Feo”. Se vistió con “La Banda” y así se desquitó de aquellos que dudaron de su potencial cuando le quisieron arrebatar sus sueños. El título de 1975 en River, que significó el fin de una sequía de 18 años son alegrías, fue sacarse la espina que tuvo durante toda su carrera, la cual le puso fin en 1978. Una de las cuestiones que lo llevó a tomar esa decisión fue camino a un superclásico: “Tenía 36 años, y en un viaje para jugar frente a Boca, pasamos por los parques de Palermo y envidié a unos chicos que estaban tirados en el pasto, cuando a ellos les hubiera encantado estar en mi lugar. Ahí me di cuenta que estaba perdiendo esa pasión. Ese cosquilleo”. Una vez fuera de las canchas, en 1981, comenzó su carrera como entrenador en el banquillo de Sarmiento de Junín. Pero su periplo duró poco ya que fue cesado una vez que el “kiwi” descendió a la Primera B al final de la temporada.

MariscalHasta 1992, cuando se convirtió en entrenador de Racing, estuvo lejos del escenario futbolístico. “Empecé a vender camperas, me fue muy bien. Me gustaba mucho esa vida, era muy tranquila. Los domingos comía ravioles, tomaba vino y dormía la siesta”, expresó en una de las tantas entrevistas donde fue protagonista. Su aventura como director técnico no tuvo los resultados esperados, aunque conquistó el “Torneo República”, dirigiendo a Olimpia de Paraguay, y el “Torneo Centenario” con Gimnasia de La Plata. En este último tiempo estaba cumpliendo el rol de comentarista en “Fútbol para Todos”,  columnista en “Hablemos de Fútbol”, por ESPN, y en Diario Olé, y conducía, junto a su amigo Horacio Pagan, un programa radial que tenian al fútbol y el tango como protagonistas.

De alguna u otra manera, él vivió del y para el fútbol. Por eso no solo los racinguistas y los riverplatense lloran su adiós, sino todo el pueblo futbolero.

Adiós Roberto, el cielo necesitaba un “mariscal”. Abrazo de gol.

 

Claudio González

@clgonzalez07

Categorias La Joya de la Abuela

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